Hallazgos imposibles,problemas para la arqueologia tradicional

El pueblo inca en el caso de las imágenes, como otros muchos, conservaba con especial cuidado y protocolo las osamentas de su nobleza, cuya distinción era inapelable dada la átipica morfología craneal entre otras peculiaridades.


Se ha especulado mucho con que la presunta deformidad era conseguida presionando de manera permanente el cráneo de los infantes reales durante todo su crecimiento.
Esto no solo produciría la muerte del protagonista o severas minusvalías debido a la presión encefálica, sino que en el mejor de los casos el resultado sería una disminución de la capacidad craneal, y sin embargo, como en el caso de estas fotografías cuya capacidad craneal es notoriamente superior al del resto de craneos de fisionomía normal.
http://www.eldoradocolombia.com/craneos_gigantes.html


Capacidad craneal de 3 litros y esqueletos (los que no destruyeron los conquistadores) que rondaban los 3 m. de altura debieran ser suficientes motivos para replantearse la historia humana y abandonar la dogmática academica actual de arqueología.
Es simplemente absurdo negar la evidencia de unos restos que reposan en todos los museos de arqueología americana. La mayoría se deshacían al tratar de extraerlos debido a las condiciones de humedad de los yacimientos y de la ausencia de del procedimientos arqueológicos de las excavaciones.

En la actualidad el 80% de los yacimientos se están expoliando sin ningún control para vender todo tipo de piezas a los turistas o simplemente para ponerlas las casas encima del televisor.

El otro 20% se explota sin la debida paciencia y se otorga la dirección de las excavaciones a individuos capaces de declarar públicamente que estos cráneos son el resultado de procesos infecciosos desencadenados por la picadura de un mosquito.

Porqué se coloca en puestos de relevancia en el mundo de la arqueología a personas que creen en la creación según el génesis bíblico negando tanto el evolucionismo de las especies como el intervencionismo extraterrestre, como el citado caso del estado de Veracruz (México), donde un dominico ultracatólico administra las escavaciones y califica de blasfema e hipocrita cualquier explicación que ponga en entredicho los cimientos de su fe.

En la web donde se han extraido estas fotos se pueden conocer más detalles sobre el entorno donde se hallaron restos de este tipo en Chile y en Paracas, la mayoría fueron destruidos a manos españolas por heréticos y diabólicos. Los pocos que se conservan ha sido gracias a la costumbre de enterrar los templos y sembrarlos de selva para camuflarlos de los depredadores de la leyenda de El dorado y de los expoliadores del último medio milenio.

 
 

 
Para especular sobre la etiología de estas peculiares osamentas, cabría repasar leyendas como las del Popolvú o Quetzalcoatl, textos clásicos de Grecia y Egipto, e incluso plantear traducciones alternativas a las aceptadas como claves indiscutibles (piedra Rosseta) de traducción jeroglífica y de lenguas muertas como el copto. Una cosa es evidente, no se pueden estudiar aisladamente las distintas civilizaciones porque hay demasiados paralelismos como para oviarlos.
 
 
 
 
Nos sorprendemos de que hace pocos siglos nuestros antepasados se escandalizaran de los supuestos vanguardistas del momento como que la tierra era redonda, pero hoy el grueso de la comunidad científica, borracha de fundamentalismo experimental y de escepticismo sobre todo lo que no pueden tocar, como estos cráneos son perfectamente palpables, prefieren mirar para otra parte antes que tratar de ofrecer una causalidad moderadamente racional que los enemistaría, casi con total seguridad, con el reconocimiento oficial.

Cierto que hay algunos fraudes, cierto que hay casos que se deben a malformaciones orgánicas, y cierto es que algunos pueblos trataron de emular la fisionomía de la casta real provocando el alargamiento por medios mecánicos, pero eso no hace más que poner en evidencia la existencia de esta casta diferente como raza diferente e incluso como especie diferente, a la cual, se quería emular dada una evidente superioridad en muchos sentidos, no sólo en lo estético.
Pero lo más importante es que hay restos auténticos de esta raza especial que no se pueden ocultar y que están ahí en casi cualquier museo para hacernos pensar, para hacer temblar los cimientos de la arqueología y de las religiones, y, para que desterremos la absurda idea del antropocentrismo, esta idea sí que es imposible.

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