Las Mesquindades de un Premio Nobel

¿Qué es lo que Mario Vargas Llosa quiere?

                                                                         Luis Delgado-Aparicio Porta

Hundido el TITANIC, que había  zarpado un 10 de abril (¿coincidencia?),  desde el puerto de Southampton,  sólo sobrevivió un integrante de la tripulación, el Teniente Lightoller, según el relato de Guillermo Cabrera Infante (“MEA CUBA” – Plaza & Janes Editores – 484 páginas – Barcelona). Interrogado el marino por un severo juez inglés de porqué había abandonado el barco, éste, con flema  británica, le dijo son sorna: “su señoría, yo no abandoné mi barco. Mi barco me abandonó a mi” (SIC).

 

Recuerdo lo que sucedió en el local del movimiento Libertad en 1990, bastante similar a lo anterior. Luego de la segunda vuelta, donde Mario Vargas Llosa perdió, nos reunió cuatro días después a sus partidarios para anunciarnos que se iría a un largo viaje fuera del Perú. Volvió al año siguiente con cara de pocos amigos, estuvo en reuniones partidarias y se fue a Berlín, donde abandonó sus responsabilidades político partidarias. En 1992 pregonó por el mundo que no se le entregue al Perú crédito alguno, para, como en Sagunto y  Numancia, hundirnos y desaparecer. Es decir, poco le importamos sus paisanos y aunque una delegación de empresarios lo visitó para pedirle no siga con el pregón, este no cesó de seguir invalidando al gobierno, inclusive luego que la OEA se pronunciase.

 

Nuestra sorpresa fue inmensa cuando se retrató al año siguiente en “El Pez en el Agua”. Allí revela, “en la casa, mientras me hacía pedirle perdón, me seguía pegando, a la vez que me advertía que me iba a enderezar (M.V.Ll tenía por ese entonces 13 años y recién conocía a su padre), a hacer de mi un hombrecito, pues él no permitiría que su hijo fuera el maricueca que habían criado los Llosa. Entonces, junto con el terror, me inspiró odio” (SIC. p. 54). Resulta, por ende, fácil interpretar que ese sustantivo lo persigue como a su sombra, ya que siendo contrario al amor o la amistad, esto genera en él una aversión destructiva del equilibrio armónico, siendo diariamente demostrable, ya que MVLl. no dialoga sino parlotea; habla, no escucha y, sobre todo, no le gusta que nadie lo contradiga.

 

Comprenderán, que si a su corta edad ya profesaba ese odio, el mismo que se le quedó como rasgo atávico, el fantasma que lo persigue y atormenta es el causante de que su desaforada rabieta no tenga tregua, impedido de librarse de su acoso diario al estar preso de ella. La saca a relucir contra quien se le oponga, ya que, pegado en la glotis, desacredita a cualquiera que le pueda hacer sombra o le enmiende la plana y en especial, a quien le ganó en impecable elección ser Presidente del Perú, su entrañable y frustrado deseo. Esta biliosidad aflora más que nunca, en especial por el énfasis irascible que despliega y donde hasta el más tonto se percate de su interesado estado de ánimo. Es decir, ni el mejor bicarbonato le curará la penosa indigestión espiritual que con los años, seguro, se le agravará.

 

Todo lo anterior es el complemento de su diario errático proceder. Hace unos días, en un almuerzo en Playa Blanca, sus idolatrados corifeos le preguntaron por quien votaría si la segunda vuelta fuese entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Para estupor de los presentes y muy suelto de huesos, nuestro laureado Premio Nobel dijo: “mi voto será por Humala”. Con estas líneas sólo describimos la locación, ya que el Diario “Correo” de hace unos días también narró lo sucedido. Esto demuestra que en su fuero interno tiene una herida que no sana, ni sanará nunca, ya que si después de 21 años sigue con la misma cantaleta, no habrá forma, medicina o tratamiento que le cure el desasosiego latente que lo lacera como un estigma. Usted demuestra sufrir de un ensañamiento que ya es una peligrosa obsesión, no dudando que ello lo martiriza, una terrible maldición que por su tozudez, ni siquiera intenta exorcizar.

 

Me imagino que debe sentir vergüenza, luego que la gran revista “The Economist” dijera, respecto de su ahora emblemático favorito “que eso sería tirar todo por la borda”. Pareciera que eso a él no le importa, ya que si tuvo la desfachatez de decir hace unos meses que sería una contienda entre el cáncer y el sida, le recomiendo que lea “Hildebrandt en sus Trece”. Cito lo que escribe don Julio Espinoza Jiménez, un enfermo terminal, señalando: “¿qué sabe usted del sufrimiento de estas personas, de la agonía de sus familiares y amigos, del despertar cada día y agradecer a Dios por ese día……. Usted ha presentado a los enfermos de cáncer y sida como lo peor, los ha situado en la categoría más baja de la escala humana…..Su soberbia, repito, le impide ser tolerante y compasivo. Siga usted, señor Mario Vargas Llosa con el Nobel bajo el brazo. Se lo merece porque es un gran escritor. Pero también merece que le diga que es usted una mala persona” (SIC – Año 1 – Nº 50 – viernes 8 de abril del 2011).

El Premio Nobel ya le confió a sus amistades que de ganar Keiko Fujimori no vendría los próximos cinco años al Perú, cual castigo para los peruanos, lo que implica que una candidata que no le ha hecho nada ni lo conoce, es tan poderosa para apartar al célebre escritor de su patria. De otro lado no debemos olvidar su desesperación al conocer las encuestas que circulaban por INTERNET, ordenándole a un par de solitarios ancianos, como Szyszlo y Pérez de Cuellar, que salgan a declarar por Alejandro Toledo Manrique, el gran perdedor en esta contienda electoral. Estos, de dientes para afuera, se indignan porque América Latina ha incumplido con la emancipación de sus indígenas pero, como una Malinche Andina, dicen que somos una seudo democracia, claro, porque ellos no están. Son un grupúsculo de xenófobos, racistas y ultra liberales, que aparentan, definitivamente, lo que no son.

 

Ellos están encerrados en un galimatías y su Icono, con la bendición de Estocolmo, puede decir cualquier cosa que aquí, un coro cacofónico le responderá: “si Marito, tu eres lo máximo y nosotros te veneramos, ya que eres el santo patrón de nuestros intereses”. Nadie podría negar que el premio recibido honra una fecunda e innovadora trayectoria creativa ampliamente reconocida por críticos y lectores en sus diversas latitudes. Sin embargo, en razón de la dualidad, recogemos el exacto equilibrio del juicio emitido por el mejicano Paco Ignacio Taibo II : “es un premio absolutamente merecido a pesar de que a mi, en particular, me parece deplorable como ciudadano y como persona. Yo comparto aquella frase de Mario Benedetti: “A Vargas Llosa hay que leerlo, pero nunca hay que escucharlo”.

 

De otro lado, un profesor jubilado peruano residente en Canadá, Daniel Estrella, nos hace una extraordinaria descripción del equivocado proceder del Nobel de Literatura: “lo extraño es que siendo un demócrata, carece de conceptos claros sobre sus alcances y cae fácilmente en contradicciones por su acendrado odio. Si proclama ser abanderado de la democracia, ¿como es que repudia la candidatura de Keiko Fujimori, sabiendo que todo peruano tiene derecho a postular para esa Alta Magistratura? Es decir, ¿acaso no sabe que los votos del ciudadano es la que determina si uno es elegido? Bajo ese contundente razonamiento y otros similares, colegimos, nuevamente, que haber perdido las elecciones en 1990 ha sido, es y será, un monumental castigo que lo acompañará y torturará de por vida.

 

Entonces, pareciera que ya no recuerda dos situaciones. En el CAEM (25 de febrero de 1990), cuando en su discurso “A los Civiles y Militares en el Perú de la Libertad” dijo: “En nuestros días, los países que eligen mal, ya no se quedan donde estaban. El mundo avanza muy rápido, el progreso es imparable y veloz para las naciones de vanguardia, y, las que no son capaces de emularlas, retroceden y se hunden sin remedio en la inequidad del subdesarrollo y la miseria”. Empero, ahora coquetea con quien lo alaba y olvida, como escribió el embajador Antonio Belaunde Moreyra: “llama la atención que un hombre público de tan notoria trayectoria como MVLL no perciba el parecido entre que fue apostrofado por la izquierda en todas sus actuaciones, siendo ellos los que hoy lo veneran” y usted se la cree. 

 

Nadie entiende cómo siendo profesor de universidades como Queen Mary College; Kings College of London, Cambridge, Washington State, University of Columbia, Smithsonian Institution, Siracusa, Princeton, Georgetown, Destuche Akademischer, usted pueda odiar con tanta vehemencia a una persona que no le ha hecho absolutamente nada, ni menos le haría. Cúrese y pronto, ya que si no lo sabe está condenado por una penosa enfermedad de sus entrañas, propia de quienes guardan un resentimiento más grande que todos sus anhelos, habidos y por haber, desgracia suya que todos los premios y satisfacciones que recibe no lo ayudan a superar. Ojalá mucha gente se percate de su podrida mala leche que lo tiene envenenado y deje de hacer campaña por un partido que sería una desgracia para el Perú, este país que por lo visto no le interesa. Si usted no quiere eso para su familia ni sus amigos, tampoco se lo desea al país de sus ancestros, ya que eso se llama delito de lesa patria.  

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